Historia con cinco palabras


CREACIÓN DE LA SEMANA


¡FELICIDADES JAVI!

DE VIAJE AL CREPÚSCULO

JAVIER




Me levanté por la mañana y había un maravilloso crepúsculo. Desde mi ventana, se podía observar muy bien, el bosque con el crepúsculo rojizo de fondo. Me quedé un rato mirándolo y descubrí algo raro en éste; había un punto negro que daba vueltas y no se estaba quieto, era superior a mis fuerzas, tenía que ir a investigar. Pensé que sería una utopía. Me vestí, me lavé la cara, desayuné, me fui corriendo al coche y finalmente partí hacia el crepúsculo.
Quería llegar al crepúsculo, de esta noche o de mañana por la mañana. Cómo el punto se veía algo grande, supuse que no estaría lejos.
Primero pasé por el “bosque encantado”, un lugar que según dicen, los árboles se pueden mover y devorarte, cuando llueve, la lluvia se convierte en ácido, las brujas sólo abitan allí y tienen unos gatos que dan repelús. Pero por suerte, también hay un camino, que según su aspecto es seguro. Yo, todo contento, me fui por este camino; a mitad del mismo, me encontré un árbol y me asusté, y él como nunca había visto a nadie también se asustó y se marchó corriendo. Justo al final, cuando ya se veía la salida, me encontré con una bruja; me lanzó un frasco (que al parecer era una poción para matarme), pero a mi coche no le afectó y la bruja salió disparada para que no le atropellara.
Finalmente, pude salir del camino, pero por desgracia tuve que pasar por un jardín; no era un jardín cualquiera, no... era un jardín en el que únicamente crecen plantas carnívoras, no esas chiquititas que comen bichos, no... estas comían cosas grandes. Tuve que esquivarlas, aunque al final me atraparon, de un bocado se tragaron mi coche conmigo dentro. La planta, empezó a masticar, pero como se le rompían los dientes nos escupieron y pude escapar de aquel horroroso lugar.
Ya era de noche cerrada y como no me dio tiempo a llegar, descansé en un maravilloso pueblo llamado “Werewolf”. ¡Qué nombre tan extraño! Pensé un rato en el nombre pero estaba rendido y aunque era incómodo el asiento del coche, no tardé en dormirme. Me despertaron unos ruidos curiosos, cuando abrí los ojos y me acerqué a la ventana pude observar una batalla de hombres lobo. También pude ver un montón de cuerpos de hombres lobo muertos, ¡hasta había uno en el cristal delantero del coche! Me asusté tanto que me acurruqué todo lo que pude dentro del coche para que no notasen mi presencia.
Sobre las 7 de la mañana, me dí cuenta que comenzaba el crepúsculo, los hombres lobo estaban desapareciendo y tenía que darme prisa para poder ver de cerca ese punto que me atormentaba.
Me estaba acercando cada vez más y de repente pude ver con mis propios ojos, que el punto era un enorme dragón. Me acerqué más a él y vi que tenía una silla de montar sobre su espalda, como parecía no tener miedo de mí, probé suerte y monté. En ese preciso instante, el dragón defecó y me dio asco, desde luego no me giré para ver lo que había detrás de nosotros.
Hablando con el dragón, pude saber que lo único que buscaba era la entrada al infierno y la única manera de encontrarla es en los crepúsculos rojizos como el que estábamos viendo. Continué en su espalda y me atreví a entrar con él, lo único que vi, fueron almas y espíritus trabajando para el diablo.
Mi dragón fue directamente hacia el diablo (debía ser suyo) porque no le tenía miedo.
Aproveché la situación para entablar una conversación de tú a tú con el diablo y le dije que era una injusticia lo que estaba haciendo con las almas y los espíritus. El diablo no me trató muy bien y me dijo palabras denigrantes y de mal gusto, yo me ofendí y me fui de allí.
Por suerte para mí esta historia ha acabado bien, pero los espíritus y las almas...... aún se las están viendo con el diablo.

Por cierto, soy Javier, filólogo y aventurero.

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